Me gusta pensar que en la vida hay milagros que se manifiestan a traves de personas que son como espejos, bálsamos, envases donde se contiene toda la dulzura del mundo para que uno la vaya tomando a cucharadas cada que la necesite... uno crece, la vida pasa pero, esas relaciones trascienden y se vuelven faros cuando uno está perdido, salvavidas en medio de la tormenta y fotografías donde uno puede mirarse y reconocerse...
Más de media vida ha pasado que encontré al Dragón para mi cuento, ese que supo adueñarse del corazón de la bruja y no encerró a la princesa en una torre... No hay mucho que se pueda -o se quiera- decir, le sé, me sabe, no importa donde, cuándo, con quién o con qué... no importa su vida o la mía por separado, me gusta creer que ambos podemos regresar por instantes y sabernos Hogar.

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